Pasas varios meses así, los peores de tu vida, donde ves como los números en la balanza van creciendo poco a poco, donde los atracones son cosa de todos los días, perdiste todo el control que en algún momento tuviste, y por eso te sientes peor que antes. Ves la cara de decepción de tu familia y amigos, que te admiraban en cierto modo por la fuerza de voluntad que solías tener. El odio que sientes por ti es el más grande que has sentido en toda tu vida. No te soportas, estás deprimida y tienes algunas ideas suicidas, pero eres demasiado cobarde para llevarlas a cabo. De pronto, algo te hace perder un poco la obsesión con la comida, y dejas los atracones. Estás volviendo a la "normalidad" con tus hábitos, pero aún te odias por el peso que subiste, porque tu cuerpo volvió a ser como antes, porque ya no eres capaz de hacer ayuno ni de restringir demasiado tiempo tus calorías, ni de pasarte horas haciendo ejercicio. Es un cambio difícil, aún estás angustiada, pero poco a poco comienzas a acostumbrarte a ser normal de nuevo. Ya no cuentas tan precisamente las calorías, comes casi de todo, pero no puedes quitarte la idea de que tienes que adelgazar, que ese período es sólo una etapa de transición, porque tienes que recuperar el control de nuevo, tienes que volver a tener el peso que tenías antes, y seguir en el camino para ser perfecta. El tiempo en el que eres “normal” estás generalmente feliz, pero nunca estás conforme con tu cuerpo y tu imagen, no puedes quitarte esa obsesión, esa necesidad de adelgazar y de volver con Ana. Te preguntas por qué te ha dejado, por qué se olvidó de ti, quieres que vuelva, no importa que te trate mal, no importa que te obligue a hacer cosas que sabes que perjudican tu salud, pero el sentir la fuerza y el poder que sentías con ella hace valer la pena todo el sacrificio. Y basta sólo un hecho o ciertas circunstancias para que vuelvas con ella, estás desesperada, pero ana te da esperanzas. Y así el ciclo se vuelve a cumplir, o quizás esta vez te quedes atrapada para siempre en alguna etapa.
Ahora que he escrito todo esto, me doy cuenta realmente de lo que ha significado esto para mí. Revivir todos esos sentimientos de angustia y desesperación es difícil, pero me hace enfrentar la realidad. Me hace darme cuenta que esto no era una simple dieta ni un juego de niños. Esto es algo que va más allá de lo que puedo controlar. Y aunque ahora esté con un peso saludable, y no me vea en lo más mínimo bajo peso, siento que aún no lo he superado. No puedo, simplemente es una obsesión que es casi imposible quitarme, una vez que sientes ese sentimiento de control y fuerza de voluntad es demasiado difícil no querer volver a sentirlo. Y en este tiempo he hecho dietas de reducción de calorías o ayuno en las que bajo muy rápido de peso, pero vuelvo a recuperarlo pronto. Sé que casi todas las mujeres tenemos cierta obsesión con el peso, pero la mía supera lo normal, es algo cotidiano, es sentir que no eres tú cada vez que te miras al espejo, es sentir LA NECESIDAD de bajar de peso, de reducir tallas y medidas. De otro modo, no me dan ganas de salir, ni de hacer nada, porque simplemente me avergüenzo de mí.
Y también me doy cuenta que todo esto lo he vivido COMPLETAMENTE SOLA, mis padres y amigos no lo saben. Supongo que lo sospechaban por mi pérdida de peso, pero cuando uno se ve normal, nadie sospecha en lo más mínimo... Y muchas veces sucede que hacen comentarios que se le haría a cualquier persona, pero uno se los toma de otra manera, y esos pequeños detalles a veces te hacen cambiar tu actitud completamente y volver a caer en un círculo vicioso que nunca termina.
jueves, 23 de julio de 2009
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