Luego de un tiempo tu familia empieza a preocuparse, y te preguntas cómo pueden preocuparse ahora, cuando ellos fueron los que te impulsaron a esto, ellos eran los que te decían que estabas muy gorda, que pararas de comer, que no podías hacer nada bien, que nunca habías logrado algo. Ellos eran los que te exigían, los que nunca estaban conforme con nada de lo que hacías, para ellos nunca era suficiente, nunca eras los suficientemente buena. Ahora que estás tan feliz que no te pidan que pares, porque por fin estás haciendo algo bien, por fin podrás realizar tus metas, por fin vas a poder ser lo que siempre quisieron que fueras.
Pasa el tiempo y tú cada vez comes menos y estás mucho más delgada. La comida ya casi no es un problema para ti, porque tu cuerpo se ha acostumbrado a no recibir alimento, y los mareos y dolores de cabeza ya se transformaron en algo cotidiano. Ya no esperas todos los meses tu menstruación porque sabes que no llegará. Te obsesionan las calorías y la grasa. Estás atenta a todo lo que comen los demás e inconscientemente cuentas las calorías que consumen, te das cuenta que tú comes un décimo de lo que comen ellos, o hay días en que ni siquiera te das la molestia de comer, sólo tienes que preocuparte que los demás no se enteren de esto. Ya te acostumbraste a mentir y a esconder la comida, y cada vez inventas nuevos métodos para que no te descubran. Pero es imposible ocultarlo porque tu cuerpo no puede mentir, y la ropa que antes te quedaba apegada ahora te cuelga, y tienes que ponerte capas y capas de ropa para intentar ocultar tu delgadez y a la vez mantener la temperatura corporal. Pero tú te miras al espejo y te ves gorda, aún consciente de que has perdido varias tallas y varios centímetros, aún te sientes gorda, aún te queda grasa que perder y mucha. Los números en la balanza de pronto se distorsionan, tienes otra percepción de ellos, y los que te parecían ideales ahora los encuentras monstruosamente altos. Tienes que perder más, todavía no llegas a tu meta, que por cierto cada vez es más baja, y te justificas diciéndote que ahora sí, que con esos kilos menos lograras por fin ser perfecta.
Tu familia ya no soporta esto y te comienza a obligar a comer, te llevan al médico, te hacen exámenes, pero tú logras ocultar tus hábitos, mientes y engañas. Le prometes a tus padres que comerás más, que sólo intentabas comer más sano, pero que si creen que estás muy delgada, intentarás subir unos kilos. Empiezas a comer con el pretexto de despistarlos, pero pronto la comida te empieza a ganar y empiezas a comer normal, luego intentas hacer ayuno de nuevo, pero la ansiedad te gana y comienzas a comer descontroladamente todo eso de lo que te habías privado por tanto tiempo. Te odias, te odias, no lo puedes soportar, cómo puedes ser tan cerda, cómo pudiste meter todo eso dentro de tu cuerpo, cómo pudiste perder el control así. Entonces decides remediarlo, entre lágrimas y desesperación te arrodillas frente al baño, tomas laxantes y para aliviar toda la maldita angustia que sientes también te cortas, porque sólo así habrás pagado tu culpa.



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